
En este contexto, resulta clave contar con asesoramiento hotelero especializado que acompañe todo el proceso. No solo se minimizan errores costosos, sino que se acorta de forma significativa la curva de aprendizaje.
En la mayoría de los casos, estos proyectos pueden estructurarse en 4 fases claramente diferenciadas:
La primera pregunta es sencilla: ¿Tiene sentido desarrollar un hotel en este activo concreto? Para responderla, es imprescindible un análisis riguroso que contemple:
a) Estudio de Mercado
b) Análisis de Viabilidad del Proyecto
Con esta fase completada, la empresa propietaria dispone de una visión clara sobre:
Una vez determinada la viabilidad, el siguiente paso es ejecutar el modelo de explotación más adecuado. Para ello, resulta esencial contar con acceso directo a:
Tras aplicar los filtros derivados del estudio previo (ubicación, categoría, tamaño, perfil de cliente, servicios complementarios, etc.), el número de grupos hoteleros susceptibles de aportar valor suele reducirse a unos pocos candidatos realmente alineados con el proyecto. La labor de asesoría hotelera consiste entonces en:
Esta fase es determinante para la creación de valor a largo plazo.
Con el contrato firmado, comienza la fase más delicada: el desarrollo o reconversión del activo. En este punto es altamente recomendable que el asesor hotelero acompañe el proceso en varios aspectos:
Una deficiente ejecución en esta etapa puede comprometer la rentabilidad futura del activo.
No es recomendable que la apertura sea el final del proceso. Una operación hotelera nueva suele requerir aproximadamente de 3 ejercicios completos para estabilizarse. Durante este periodo, y quizás más allá, resulta recomendable contar con servicios de Asset Management independientes que:
El objetivo es garantizar que el activo cumpla las expectativas de rentabilidad y generación de valor planteadas al inicio.
En definitiva, aunque una empresa pueda contar con una dilatada experiencia en otros verticales inmobiliarios, el negocio hotelero se rige por dinámicas propias que exigen un conocimiento específico.
Cuando un suelo o inmueble con uso hotelero afloran en cartera fuera del core business, la decisión sobre su puesta en valor no debe ser improvisada. Bien gestionado, un activo hotelero puede convertirse en una vía adicional de generación de valor hacia nuestro negocio principal. Inadecuadamente estructurado, puede convertirse en un activo complejo y poco rentable. La diferencia radica, casi siempre, en la calidad del análisis previo que llevemos a cabo y en el acompañamiento experto que nos guíe durante todo el proceso.





